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Investigar e Intervenir en Salud Mental tendiendo a la desmedicalización
del sentir, pensar y hacer. Aportes para el debate sobre la dialéctica salud-enfermedad
©Cecilia Silva Cabrera


ABSTRACT
The present work pretends to contribute around the polemic of health-illness process and the social
medicalization process deepenly in the contemporary context. Such a large thematic, in particular in this
analysis of the mental health in the contemporary context shows something of the determinations and
mediations that transversalise it. Studying mental health means to understand its especifity of the
happening of being as a part of a socio historical totality.
We pretend here, to understand the psiquical ‘suffering’ from the contradictions of the contemporary
capitalist sociability, to interpellate the homogenization of the appreciable lines of conducts where the
‘different’ is shown in a lineal contraposition: ‘ill’-‘healthy’, ‘crazy’-‘wise’ ‘normal’-‘abnormal’, from medical
parameters we focalize in the origin of the alterations of the subject without turn round the view to the
own system. Some questions born as: Where’s radicate the ‘alteration’? In subjects who externalise
behaviours of a trajectory of interiorization of the generic that no correspond to the normality
preestablished? Meanwhile, in a social system who feedback its own contradictions in alterations of the
life conditions of the subjects? We note the revaluation of the autonomous capability of being, of
creation, of transformation and overcoming of his specific condictions of existence.
Algunas consideraciones teórico-metodológicas
En gran parte de los distintos abordajes de la salud mental, comprendida en su generalidad a
partir de su condición de negatividad, es decir, como “alteración”, “padecimiento”, “enfermedad”, de
fondo está presente la matriz de sociabilidad vigente y hegemónica aún en el contexto contemporáneo -
sistema social capitalista de organización y funcionamiento de la sociedad- que tiene como patrón
poder-dominación la medicalización social. Este proceso de medicalización de la vida, que encuentra
marco en el proyecto moderno del iluminismo, con el consecuente disciplinamiento de formas de sentir,
pensar y hacer, cobra auge ya en el siglo XVIII asumiendo el propio Estado la creación y articulación de
diversos dispositivos -principalmente la escuela, el manicomio y la cárcel- de producción y reproducción
de una sociabilidad que controla, disciplina, normaliza y clasifica subjetividades. (Foucault, 1974a)
La medicalización de lo social implica la intervención constante y creciente en las distintas
esferas de la vida (individual y colectiva) del discurso y las prácticas médico-sanitarias (Mitjavila, 1992)
§Este trabajo ha sido publicado recientemente en la Revista Herramienta (N° 36, Año XI; Ed. Herramienta. Bs. As., Argentina; 2007) y en la
Revista Regional de Trabajo Social (N° 41, Año XXI; Ed. EPPAL. Montevideo, Uruguay; 2007). Retoma elementos centrales contenidos en un
análisis más exhaustivo desarrollado en la Monografía de Grado presentada para el egreso de la Licenciatura en Trabajo Social: “Salud Mental
en el contexto contemporáneo. Un enfoque analítico que retoma lo social como totalidad histórica que trasciende los patrones de la
medicalización”; del Departamento de Trabajo Social (DTS) de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la Universidad de la República
(UdelaR). Se agradece especialmente a la Docente por la FCS-UdelaR Mag. M° Noel Míguez Passada por sus comentarios; referentes para
este trabajo.
§§Licenciada en Trabajo Social, Investigadora del GEDIS (Grupo de Estudio sobre Discapacidad; DTS- FCS-UdelaR) y del Grupo
Interdisciplinario de Investigación “Arte y Salud” (Facultad de Psicología-UdelaR); Montevideo-Uruguay.
E-mail: ceciliasilva24@gmail.com
1 Se agradece también, a la Profesora Ma. del Carmen Amy y a Carla Olivo por su apoyo en la traducción del resumen de este artículo;
habilitando la posibilidad de colectivización del mismo.
2
como mecanismos vehiculares de la sociabilidad moderna capitalista. La sutileza del “cuidado del
cuerpo” y el “buen comportamiento” afianza procesualmente una masa social disciplinada para el
desarrollo y la reproducción de esta sociabilidad. De aquí que un primer obstáculo epistemológico a la
hora de comenzar un proceso de conocimiento y comprensión de la realidad, en especial en el área de
la salud, lo es el fetichismo presente en una subjetividad que no escapa al peso de la hegemonía de
una sociabilidad de la medicalización; esto es, del esquema de comparación, clasificación y
estandarización de comportamientos y de diferenciación entre lo aceptado y lo no aceptado por el
modelo imperante, con la consecuente inhabilitación en distintos espacios sociales de los sujetos
etiquetados como “diferentes”, “enfermos”, “a-normales”. (Míguez, 2003)
Se hace necesario entonces, ir a la pesquisa de nuevos referenciales, ya no de la Medicina y la
Psiquiatría clásicas, de manera de emprender un movimiento metodológico que permita aproximarse a
la realidad concreta tendiendo a des-velar la apariencia; la opción para elaborar este trabajo es a través
de la mediación teórico-metodológica de la ontología y el existencialismo, encontrando sus grandes
referenciales en Geörge Lukács y Jean-Paul Sartre respectivamente. Segundo gran desafío
epistemológico, en tanto principalmente Sartre (1970) formula fuertes argumentaciones en discrepancia
con elementos presentes en el marxismo clásico (según sus propios planteos) refiriendo a su
contemporáneo Lukács como uno de los depositarios de estas discrepancias. Estas críticas radican
principalmente en los planteos de Sartre sobre el “estancamiento” del marxismo en las categorías
universales sin incorporar a la realidad los hechos concretos de un espacio y tiempo determinados. En
pos de resolver este meollo, incorpora al pensamiento marxista el existencialismo. Este aporte de Sartre
se cree esencial para el tema de estudio -la salud mental- en tanto contiene categorías de dimensión
objetiva, de rango universal como la economía y la política, además de categorías de dimensión
subjetiva como las formas de sentir, pensar y hacer en el devenir histórico de los diferentes colectivos
sociales y los sujetos que los componen en particular. No obstante se propone aquí trascender tales
discrepancias, retomar los puntos de encuentro y avanzar en el conocimiento de la realidad concreta
que se aborda.
Partiendo de este “vaivén metodológico” ontología-existencialismo y viceversa -regresión y
progresión hacia el conocimiento de la realidad concreta-, se presentan en la mediación analítica las
categorías sociabilidad y trabajo tendiendo a una retotalización enriquecedora de la complejidad
presente en la singularidad de la salud mental y su dimensión genérica. A partir de la perspectiva
ontológica se remite a la trayectoria de la que deviene la salud mental en el contexto contemporáneo, a
la vez que son iluminadores los aportes del existencialismo recuperando la especificidad del objeto,
dando cuenta de la diversidad existente en la realidad. Al decir del propio Sartre (1970: 120-121): “... se
trata de una superación enriquecedora... El sentido de la comprensión es simultáneamente progresivo
(hacia el resultado objetivo) y regresivo (me elevo hacia la condición original)”.
Se pretende dar cuenta de la dialéctica existente en el par salud-enfermedad, como opuestos
complementarios parte del propio proceso del que el ser social deviene en sus diferentes dimensiones:
biológica y social, singular y genérica. Se apuesta a un ejercicio intelectual teórico-analítico orientador
de una práctica que desnaturalice el significado otorgado hegemónicamente a la expresión salud
3
mental, planteándolo desde las potencialidades de superación y transformación de las condiciones de
existencia del ser singular y colectivo.
Salud Mental: ¿salud? ¿enfermedad?2
Abordar el estudio de la salud mental implica evidenciar las determinaciones y mediaciones
presentes en su especificidad así como aquellas que la trascienden en tanto parte de una totalidad
concreta transversalizada por las múltiples facetas de la realidad (Lukács, 2004: 55). Dar cuenta de las
condiciones de existencia en un tiempo y espacio históricos determinados permite tender a desfragmentar
el estudio del colectivo de los sujetos que son diagnosticados como “enfermos mentales”, en
tanto parte del conjunto social y no como un colectivo aislado. En este sentido un primer elemento que
se considera es la salud mental como producto histórico que deviene del proceso de sociabilidad
humana. En el ser social confluyen las tres esferas ontológicas: -inorgánica, biológica y social- (Lessa,
1997: 16), deviene de un proceso de complejización en el que su capacidad de manipulación, creación y
transformación se desarrolla en constante intercambio con la naturaleza y sus pares para la producción
y reproducción de sus condiciones de existencia. El proceso de sociabilidad en el contexto
contemporáneo evidencia fuertes contradicciones que profundizan la “automatización” del ser y la
“reificación” de las fuerzas sociales” (Marx, 1959: 28), las posibilidades de superación y transformación
de las condiciones presentes de vida encuentran freno en la sociabilidad capitalista. De aquí la
necesidad de dar cabida en la intervención profesional en salud mental a los procesos de re-habilitación
del contenido potencializador de actividad creativa, constructiva y autónoma de los sujetos, singular y
colectivamente.
Esta línea de consideración de la salud mental encuentra antecedentes firmes en los aportes de
Sigmund Freud (Sierra, 1998: 2); comenzando a evidenciarse en la mediación del psicoanálisis la
necesidad de recurrir a factores externos a la estructura biológica-psíquica del ser, dando lugar a otras
vías de comprensión de las “alteraciones” que vivencian los sujetos.
Se comienza a profundizar en el análisis de los diferentes elementos contenidos en lo que se ha
dado a llamar como salud mental, esto es, la conformación de un sistema de parámetros comparativos
según estándares de normalidad como dispositivo de reproducción de la hegemonía político-ideológica
vigente. Los “enfermos mentales” -al igual que los niños, pobres y delincuentes- (Foucault, 1974b) se
tornan para el sistema en el elemento expiatorio de sus contradicciones y alteraciones. El proceso de
disciplinamiento que se inicia ya en el marco del iluminismo a través del proyecto de la modernidad, el
disciplinamiento del sentir y la razón, se identifica como una de las determinaciones básicas en la
consideración de la salud mental, en tanto implicó una nueva sociabilidad que promovió formas de sentir
y relacionarse con el mundo social y natural basadas en la represión y control de subjetividades y
fundamentada en la instauración de un orden que permitiera el desarrollo del sistema social capitalista.
(Barrán, 2004)
2 Sobre los tópicos que se analizan en este punto es de gran aporte la trayectoria de investigación y producción científica desarrollada por el
GEDIS. Principalmente la problematización de los patrones de “normalidad” y “a-normalidad” contenidos en la matriz de sociabilidad vigente y
la construcción social que se produce y reproduce bajo este modelo, desde donde se focaliza en términos de negatividad la distinción entre lo
“sano” y lo “enfermo”, lo aceptado y lo “diferente”.
4
En este contexto, la ciencia, con fundamento en la medicina, cobra legitimidad y representación
como mecanismo sociabilizador de los nuevos valores; será quien designe lo “bueno” y lo “malo”, lo
“sano” y lo “enfermo”, lo “normal” y lo “a-normal” (Mitjavila, 1992: 2). El discurso médico ejerce un rol
protagónico en la construcción y fortalecimiento de una ideología cotidiana que transversaliza
subjetividades y promueve formas de relacionamiento y vínculo social.
Otro fuerte determinante es el proceso de estigmatización social y cultural de lo “diferente” del
que deviene la salud mental, moldeándose en diferentes formas más o menos explícitas según el
momento histórico que se vivencia; contemporáneamente no escapa a ello ya desde la
conceptualización internacional vigente. La Organización Mundial de la Salud (OMS)3, si bien pone en
consideración los “factores biológicos y sociales” continúa posicionándose en un modelo de normalidad
(internacionalmente generalizable) al que se deben “integrar” y/o “adaptar” los sujetos. Los parámetros
de normalidad estándar homogeneizan la diversidad que compone a todo el conjunto social, menos aún
dan cuenta de la complejidad contenida en el propio colectivo de personas con diagnóstico psiquiátrico.
Sin embargo, parece de evidente relevancia reconocer la singularidad y con ella la diversidad
existente en el conjunto social; esto es, reconocer contextos históricos y sociales, así como la
trayectoria que ha determinado que un sujeto sea de cierta forma y no de otra. Actúan aquí
determinaciones tan generales como la economía, la política, los patrones vigentes de valoración y
normalización de la vida, tanto como la particularidad concreta del contexto de los grupos de referencia
y pertenencia de cada sujeto.
La importancia de dar lugar real y concreto, es decir, en el discurso y en la práctica, a la
diversidad existente entre los sujetos radica en un proceso de intervención profesional que apunte a
transformar las cuestiones entorno a la salud mental. La realidad concreta está dada por la dialéctica
presente entre el ser y las estructuras sociales, la cuota de mistificación aún en tiempos
contemporáneos, la discriminación y, de alguna forma, la violencia de los tratamientos médicos hacia
las personas con diagnóstico psiquiátrico, parecerían crear una especie de dicotomía entre salud y
enfermedad; fetichizando la propia génesis de opuestos que se contienen y se superan en la dialéctica
del devenir del ser.
No significa esto desconocer la presencia de “alteraciones” en el desarrollo subjetivo y social de
los sujetos en determinadas condiciones de existencia, sino que la cuestión está en la construcción de
una objetividad y una subjetividad que el resto de la sociedad realiza respecto de las personas que
vivencian alteraciones a los parámetros de normalidad en el comportamiento y el pensamiento. La
convivencia cotidiana entre quienes desenvuelven su vida en “armonía” con los parámetros sociales
establecidos y quienes manifiestan alteraciones a los mismos, parece profundizar una especie de
contradicción que se expresa en el rechazo a estas situaciones. Desde los sujetos que se reconocen
como parte de un colectivo “normal” se tiende a una construcción subjetiva del “otro” que se objetiva en
prácticas que reafirman un extrañamiento de ese “otro”, del que “padece” respecto del resto del
3 La OMS define a la Salud Mental como “un estado sujeto a fluctuaciones provenientes de factores biológicos y sociales en que el individuo se
encuentra en condiciones de conseguir una síntesis satisfactoria de sus tendencias instintivas potencialmente antagónicas, así como de formar
y mantener relaciones armoniosas con los demás y participar constructivamente en los cambios que pueden introducirse en su medio ambiente
físico y social”. Por su parte, el Comité de Salud Mental de la OMS declara: "La salud mental es el goce del grado máximo de salud que se
puede lograr, es uno de los derechos fundamentales e inalienables del ser humano, sin distinción de raza, religión ideología política o condición
económica y social”.
5
colectivo social; con la contrapartida de contradicción que esto tiene en la subjetividad de quienes son
etiquetados como “enfermos mentales”. (Míguez, 2003)
Entonces, conceptualizar la salud mental en términos que tiendan a la des-medicalización
implica necesariamente un movimiento de retotalización histórica donde las dimensiones singular y
genérica sean comprendidas en la complejidad del propio entramado de la realidad concreta. En este
sentido, el existencialismo aporta al abordaje de la singularidad de los sujetos y colectivos en un intento
de recuperar lo subjetivo como producto y productor del conjunto social. La trayectoria de vida singular y
colectiva en un contexto histórico, cultural y social condiciona el desarrollo de los sujetos en todas sus
dimensiones, en tanto se entablan relaciones sociales basadas en la dialéctica entre lo singular y lo
colectivo; como lo plantea Marx en su VI tesis sobre Feuerbach (1985: 667): “... la esencia humana no
es algo abstracto e inmanente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones
sociales”.
No se trata aquí de indagar en campos psicológicos o psíquicos, cuestión que escapa por
completo a este trabajo y a quien lo realiza, sino que se rescata el abordaje histórico-social propuesto
por el existencialismo. El ser social en su devenir interioriza, proyecta y actúa simultáneamente en un
campo social que lo trasciende incorporándolo en sus dimensiones biológica y social pero que escapa a
su dominio, en tanto en esa dialéctica también él es su productor.
Por otra parte, tanto la singularidad del ser como su dimensión colectiva generan, en un mismo y
constante proceso, la existencia concreta de posibilidades de actuar, transformar y superar, a lo que
Sartre (1970: 79) denomina “el campo de los posibles”. Este campo o espacio de posibilidades se
concibe como “desdoblamiento determinado”; por un lado, está contenido en la singularidad del ser
como porvenir, proyección de su futuro, mientras por otro lado y a su vez, está presente en el propio
colectivo en tanto determinante que lo sostiene, transforma o reprime en la realidad concreta (Sartre,
1970: 81). El campo de los posibles habilita al ser a actuar transformando el presente en la proyección
de su futuro. La posibilidad de un proyecto de vida, del por-venir, es la objetivación del ser como
productor de lo nuevo, del futuro; constituye por tanto un movimiento constante y dialéctico que
simultáneamente supera y retoma los mismos puntos, como espiral, ganando integridad y complejidad.
Es la realización del ser en su doble dimensión singular y genérica; “enteramente hombre” o
enteramente humano en términos más contemporáneos (Sartre, 1970: 88). En este sentido el análisis
trasciende los parámetros de medicalización, en la medida que se entiende al proceso saludenfermedad
como negación y superación de las condiciones de existencia del ser.
El proceso de sociabilidad en su etapa capitalista es interiorizado por los sujetos a través de la
dicotomía dada entre lo aceptado y lo rechazado o no legitimado por el sistema social, en tanto los
mecanismos de medicalización encuentran en la consideración de lo “sano” y lo “enfermo” los
parámetros de lo que “se deber ser y hacer” y lo que “no se debe ser ni hacer”, lo “aceptado” y lo
“reprimido”.
La concepción de la salud mental desde los parámetros reseñados de la sociabilidad capitalista,
promueve una subjetividad que no ve más allá de la estructura normalizada y estandarizada impuesta e
internalizada. Este fenómeno trasciende los diferentes saberes y tanto la cotidianeidad del saber
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científico como del sentido común actúan bajo esta racionalidad. De esta forma, se evidencia la
internalización del resto del colectivo social del proceso de medicalización, lo cual no queda en una
simple vivencia subjetiva sobre el comportamiento del “otro”, sino que la propia trayectoria vivida
subjetiva y objetivamente por los colectivos de pertenencia de los sujetos determinará sus condiciones
de existencia presentes y futuras. Las posibilidades de transformación y superación del ser, su “campo
de los posibles” estará determinado por el momento histórico, el espacio social y la estructura social,
ideológica y política impuestas.
En la conceptualización de la salud mental, entonces, se marcan como referentes fundamentales
el tiempo y espacio histórico-sociales en que se desenvuelven, así como el reconocimiento de la
dimensión singular de cada sujeto, dada ésta por la subjetividad interiorizada y exteriorizada a su vez,
así como las propias condiciones objetivas de existencia. De esta manera, el estudio de la salud mental
involucra necesariamente la consideración de todo el colectivo social; es decir, de quienes presentan
“alteraciones” a la imposición normalizada, quienes actúan en reparo del saber científico y del resto de
los sujetos, quienes de una u otra forma están determinados por esta realidad presente y concreta de la
realidad social. Significa concebir a la realidad en su dialéctica, en cuanto totalidad social abarcativa de
la particularidad concreta de sus diversas facetas, totalidad destotalizada en términos sartrianos.
Hacia un viraje en la mirada: el sujeto como participante activo en el proceso salud-enfermedad4
Ontológicamente el ser social deviene en tal a partir del proceso de complejización de su
vinculación con el medio y sus pares, proceso básicamente de actividad de manipulación, creación y
transformación concreta de sus condiciones de existencia principalmente en la relación del sujeto con el
medio natural, pero que simultáneamente se construye en una red de relaciones sociales concretas y
subjetivas donde cada sujeto es productor y producto del sistema social en el que se desenvuelve;
productor y producto del espacio que ocupa en ese entramado.
Ahora bien, se trata de un proceso en el que el sujeto aparece como actor fundamental y activo
en el que están presentes las contradicciones propias del sentir, pensar y hacer singular y colectivo, de
cambio dinámico y constante, proceso esencialmente dialéctico. En este complejo se sitúa el proceso
salud-enfermedad como producto del devenir del ser por tanto tan contradictorio, dinámico y diverso
como éste; no como agente extraño a él.
Partiendo de esta concepción de la actividad humana y del proceso que se particulariza aquí en
el análisis del lugar de los sujetos en el proceso salud-enfermedad, es que se pone en cuestión la
vigencia del egocentrismo medicalista que define a un sujeto-objeto que aparece como elemento pasivo
y ajeno al proceso salud-enfermedad.
En pos de re-conocer el potencial de actividad, de superación y transformación de los sujetos, la
categoría trabajo, como protoforma del ser social, aparece como una de las mediaciones básicas para
este estudio. Desde la perspectiva ontológica Lukács (2004: 80-99) plantea la posición teleológica como
esencia constitutiva del trabajo en tanto tendencialmente actividad de transformación y superación,
4 Respecto al eje de análisis sobre el lugar de los sujetos en el proceso salud-enfermedad se retoma aquí la perspectiva de investigación y
análisis del Grupo Interdisciplinario “Arte y Salud”; principalmente en el área de rehabilitación de las personas con diagnóstico psiquiátrico a
través de técnicas expresivas como recurso de potencialización de los procesos de autovalidación y autogestión en la creación y construcción
de alternativas que tiendan a la desmistificación.
7
como praxis social. El elemento teleológico trae consigo el proceso por el cual se construye la
alternativa de proyección y transformación. La aparición de la alternativa en la conciencia de una
necesidad sentida orienta al ser en la práctica en procura de un fin. Enriqueciendo el proceso de
comprensión, por su parte el existencialismo, a través de las formulaciones analíticas de Sartre (1970:
92) profundiza en el estudio de las dimensiones subjetivas que hacen a las condiciones de existencia de
los sujetos. En este sentido aparece el Proyecto como orientador de una búsqueda concreta, objetiva en
procura de los fines perseguidos singular y colectivamente. Estas condiciones presentes en cada sujeto
singularmente y potencializadas en la dinámica de lo colectivo dan cuenta del fetichismo por el cual aún
contemporáneamente se cae al ubicar a los sujetos como “pacientes” respecto a su rol en el proceso
salud-enfermedad. El ser esencialmente es actividad, manipulación y transformación contínuas.
En el contexto contemporáneo el ser se somete a una cotidianeidad que fluctúa entre la procura
de lo necesario para la subsistencia y el consumo de productos y servicios que le otorguen
momentáneos instantes de placer. El trabajo toma forma hegemónica a través del empleo; su expresión
como valor de cambio y la racionalidad mercantilista de las relaciones sociales opacan la génesis del
trabajo como actividad de objetivación del ser, de reconocimiento de sí. Sin embargo aún, el trabajo
(conceptualizado ontológicamente) parece encontrar un lugar de centralidad en los procesos de salud
mental.
En términos marxianos, “... en el trabajo se hallan contenidas in nuce (en germen) todas las
determinaciones que, ... constituyen la esencia de lo nuevo dentro del ser social” (Lukács, 2004: 59).
Comprender el desarrollo de la salud mental desde esta perspectiva lleva a revalorizar la actividad
humana como creación, como autorrealización del ser singular y los colectivos, en tanto la posibilidad
de objetivación a través de la praxis social está esencialmente en el contenido teleológico de esta
actividad. Múltiples experiencias como el “Arte Terapia” (Delacroix, 1951) y la realización de talleres
diversos a través de técnicas de expresión (dibujo, pintura, tallado, plástica, música, entre otros) y otras
modalidades de creación y manipulación potencializan y concretizan estas capacidades. El ser se
objetiva en un resultado dado reconociéndose en su producto y tendiendo a la transformación de su
realidad concreta como la del propio conjunto social en la colectivización de productos que comienzan a
establecer nuevas formas de relacionamiento y vínculo social.
Los elementos analíticos que se han venido introduciendo en el estudio procuran encontrar su
núcleo en lo que tan claramente formula Marx en sus VIII y XI tesis sobre Feuerbach (1985: 667);
respectivamente: “Toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que inducen a la
teoría al misticismo encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa
práctica”; “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo; de lo que se trata es de transformarlo”.
En la sociabilidad capitalista la conceptualización ontológica del trabajo y el ser social como tal
parece cobrar relevancia en el “tratamiento” de las “alteraciones” vivenciadas por algunos sujetos
respecto de los códigos de relacionamiento y vinculación legitimados. La llamada “reinserción social”
parece poder ser superada por el reconocimiento e inclusión social de estos sujetos a través de su
propia actividad de transformación de la realidad concreta, en una demostración de igualación en su
diversidad, opacada por los parámetros medicalizadores.
8
Implica esto la construcción de nuevas formas de relaciones sociales a partir de las cuales se
interpele la hegemonía de la heteronomía; en un proceso donde emerge la construcción de autonomía
como proceso colectivo, en tanto reconocimiento e inclusión de lo diverso y no adaptación de
comportamientos a modelos preestablecidos. Lo que indudablemente significa protagonismo de los
sujetos implicados y convivencia con el entorno natural y social, interpelando la manicomización de los
denominados “enfermos mentales”. Autonomía y protagonismo como condición humana
necesariamente intersubjetiva, que se constituyen en el reconocimiento de la propia identidad y de la
identidad de los demás. Sin desarrollo ni reconocimiento de identidades no hay posibilidad de construir
una “política de fortalecimiento de las diversidades”. (Rebellato y Giménez, 1997: 37)
Algunas conclusiones
El abordaje que se ha desarrollado sobre la investigación y la intervención profesional
particularizadas en el área de la salud mental, de fondo, se dirigió a la problematización del sesgo
introducido por la medicalización de lo social y a la recuperación del espacio político que ocupan las
cuestiones acerca de la salud mental. Mediante los distintos elementos introducidos en el análisis se ha
pretendido poner en evidencia el mecanismo de despolitización a través del discurso y prácticas
médico-sanitarias.
Plantear el estudio de la salud mental a través del análisis ontológico-existencialista del ser
social permitió un proceso de aproximación a la comprensión de una realidad que implica posicionarse
desde diversas aristas que hacen a su complejidad.
En particular, a través de ciertas determinaciones que hacen al proceso de sociabilidad, en un
movimiento que tiende a la retotalización histórico-social se evidencia la funcionalidad de los
mecanismos de control, disciplinamiento e higienismo médico-sanitario al establecimiento del orden
necesario para la producción y reproducción del sistema capitalista de organización y funcionamiento
social.
En la mediación analítica de la categoría trabajo, a partir del abordaje ontológico es evidente un
proceso de “expropiación” de las capacidades de creación y superación concreta de las condiciones de
existencia de los sujetos. Sin embargo, conceptualizado como praxis social, esencialmente en su
contenido teleológico se destaca la posibilidad real de construcción de otras formas de abordaje de la
Salud Mental recuperando esa cualidad ontológica del trabajo contenida en el ser, pero negada por la
interiorización de una sociabilidad que se presenta como freno y amarramiento.
Ganar terreno a la instrumentalidad de la vida tendiendo a re-ligar la actividad humana de
creación y la posición teleológica del trabajo, parece ser una forma de avanzar en la desmistificación de
una razón que no admite subjetividad. De alguna forma es también avanzar en preguntarse ¿qué pasa
con quienes se niegan a encarcelar la “razón” del sentir y el pensar exteriorizándolos en su
comportamiento?, la sociabilidad contemporánea los medica, los encarcela y los esconde, a la vez que
los fuerza a integrarse a un sistema social que los niega por no aceptar sus contradicciones.
Sin desconocer verdaderas dolencias expresadas por muchas de las personas que las
vivencian, el replanteo parecería ser hacia la dirección inversa ¿qué vigencia tiene un sistema social
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que en sus alteraciones vulnera y desprotege como forma de mantener y reproducir su propio orden?
Se corre el riesgo y en diversas ocasiones se comete el error de diagnosticar y someter a tratamientos
psicofármicos a quienes transitan por “alteraciones” producto de la propia des-sociabilidad capitalista
(Fernández, 2003: 10). Se medican estados de saturación de subjetividades vulneradas por las
exigencias de un sistema social que fuerza a su adaptabilidad en vez de reconocer la diferencia como
parte esencial del ser.
Es el fin contribuir a la transformación de un saber científico que más que actuar por y para sí lo
haga en pos de la superación de las condiciones de existencia de todos los sujetos, en tanto él mismo
no deja de ser una construcción humana. La disputa no se centra en dejar una hegemonía por otra en el
campo de la ciencia, sino en trabajar para transformar el propio sentido del poder, superar la lógica del
poder-dominación para construir un poder de poderes.
Tampoco se trata de agotar esfuerzos en la abstracción teórica, sino en vivenciar el proceso de
problematización e intervención en la realidad desde la conjunción superadora del par teoría-práctica;
sobre esto hace referencia explícita Marx en su tesis n° II sobre Feuerbach (1985: 666): “El problema de
si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un
problema práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y
el poder, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa en torno a la realidad o irrealidad del
pensamiento -aislado de la práctica-, es un problema puramente escolástico”.
________
Resumen
El presente trabajo pretende contribuir a la polémica entorno al proceso salud-enfermedad y el
posicionamiento de las diversas disciplinas que intervienen en el campo de la salud respecto a la
hegemonía médica, propia de la agudización de una sociabilidad medicalizada. Tan amplia temática, se
particulariza aquí en el análisis de la salud mental en el contexto contemporáneo evidenciando algunas
de las determinaciones y mediaciones que la transversalizan. Estudiar la salud mental significa
comprender su especificidad en el devenir del ser como parte de una totalidad histórico-social. En este
sentido, el concepto “salud mental” comprende todas las condiciones de existencia del ser social,
trascendiendo los patrones clasificatorios de las ciencias médicas.
Se procura aquí, comprender el “padecimiento” psíquico desde las contradicciones de la sociabilidad
capitalista contemporánea, interpelar la homogeneización de pautas de valoración de conductas donde
lo “diferente” es mirado en contraposición lineal: “sano”-“enfermo”, “cuerdo”-“loco”, “normal”-“anormal”;
desde parámetros medicalizadores se focaliza el origen de las “alteraciones” en el sujeto, sin girar la
mirada al sistema. Surgen algunas interrogantes como: ¿dónde radica la “alteración”? ¿en sujetos que
exteriorizan comportamientos propios de una trayectoria de interiorización de lo genérico que no
corresponde a la normalidad preestablecida? o en cambio ¿en un sistema social que retroalimenta sus
contradicciones en alteraciones a las condiciones de vida de los sujetos? Se apunta a revalorizar la
capacidad autónoma del ser, de creación, transformación y superación de sus condiciones concretas de
existencia.
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